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¡Hola, lector!

Llevo unos días leyendo titulares sobre el informe PISA y la caída de la comprensión lectora en España, y todos hablan de adolescentes. Pero cualquiera que lea a menudo conoce esa sensación de llegar al final de una página y no tener ni idea de lo que acaba de leer. Por aquí suelo traerte libros recomendados, no consejos de estudio, así que esto no va de métodos ni de técnicas: va de lo que hago yo, que es bastante sencillo.

Para mejorar la comprensión lectora siendo adulto no hace falta un método complicado. Lo que a mí me funciona son tres cosas: parar cuando noto que he dejado de enterarme y volver al libro con la cabeza más tranquila, leer los libros difíciles a ratos en vez de de un tirón, y contar lo que leo, en el club de lectura, en las reseñas o simplemente a mi pareja. El informe PISA publicado el 8 de septiembre de 2026 sitúa a España en 451 puntos en comprensión lectora, su peor dato histórico, y señala el auge de los “lectores apresurados”: quienes recorren un texto a toda velocidad y responden rápido y mal. Esa prueba mide a alumnos de 15 años, pero el problema de fondo, leer sin atención, no se acaba a los 16.

Qué dice el informe PISA (y qué no dice)

Los resultados se publicaron el 8 de septiembre de 2026. España obtiene 451 puntos en comprensión lectora, 23 menos que en 2022 y por debajo de su anterior suelo histórico, con matemáticas y ciencias también a la baja. Respecto a 2015, cuando el país llegó a 496, son 45 puntos menos.

No es solo cosa de España: la media de la OCDE perdió 15 puntos en lectura en ese mismo periodo, aunque España cae más rápido que su entorno. La OCDE apunta al tiempo de pantalla y a la pérdida de lectura crítica, y da un dato que me parece el más revelador de todos: la proporción de alumnos que recorren los textos a toda velocidad y responden rápido y mal casi se ha duplicado entre 2018 y 2025.

Año Puntuación de España en lectura
2015 496
2022 474
2025 451

Conviene tomárselo con una cautela: en Cataluña la proporción de alumnado excluido dentro de los centros pasó del 5,6 % al 23,2 %, muy por encima del estándar de PISA, así que la foto no es perfecta.

Y lo importante: PISA evalúa a chavales de 15 años en un examen. No mide si tú te enteras de la novela que tienes en la mesilla. Lo que sigue no sale de ahí, sale de mi experiencia leyendo.

El lector apresurado también tiene cuarenta años

Lo de pasar por encima del texto sin procesarlo no es exclusivo de la adolescencia. Nos pasa a todos, y sospecho que por lo mismo: llegamos al libro con la cabeza llena y con el cuerpo acostumbrado a leer en trozos de treinta segundos.

Cuando me ocurre, lo noto en una señal muy concreta: he pasado tres páginas y no podría resumir ninguna. No es que el libro sea malo ni que yo esté espesa. Es que no estoy ahí.

Lo primero que hago: parar

Suena a perogrullada, pero es lo que mejor me funciona. Si me doy cuenta de que he dejado de prestar atención, cierro el libro y lo dejo para más tarde. No insisto, no releo en bucle, no me obligo a terminar el capítulo.

Vuelvo cuando estoy mentalmente más tranquila. Y entonces, casi siempre, el mismo texto que hace dos horas se me resbalaba entra sin esfuerzo. La diferencia no estaba en el libro, estaba en mi cabeza.

Leer cansada o con mil cosas rondando es una forma bastante eficiente de no enterarte de nada y encima acabar pensando que el libro no te gusta.

Lo llamativo es que lo difícil aquí no es parar, es darte cuenta. Esa vigilancia sobre si estás comprendiendo o no tiene nombre en la investigación sobre aprendizaje, monitoreo metacognitivo, y es una de las cosas que distinguen a un buen lector. Yo no lo hacía por saber esto: lo hacía porque insistir no servía de nada.

Lo segundo: no leer del tirón lo que es complejo

Con un libro exigente, leer muchas horas seguidas no me hace comprenderlo mejor, me hace comprenderlo peor. Así que lo leo a ratos: un rato hoy, otro mañana. Avanzo más despacio en el calendario y mucho más rápido en la cabeza.

Tiene una ventaja añadida: entre rato y rato, el libro sigue trabajando por su cuenta. Vuelves con cosas ya asentadas y con preguntas que no tenías al cerrar. Esto tampoco me lo he inventado yo: repartir el estudio en sesiones separadas en lugar de concentrarlo se llama práctica distribuida, y es de lo más asentado que hay en investigación sobre aprendizaje. Con los libros que sirven para aprender, funciona igual.

La distinción que me sirve no es tanto por género como por intención. Si el libro está ahí para que aprenda algo, una habilidad, una materia, una forma de trabajar, sé que no lo voy a leer del tirón. Si lo que busco es disfrutar, puedo pasarme la tarde entera con él sin que me pase factura. Son dos maneras distintas de leer y llevaba tiempo tratándolas igual.

Lo tercero: contarlo

Es lo que más me ayuda y durante mucho tiempo no me di cuenta de que contaba como técnica. Si el libro es el elegido del club de lectura, lo hablo allí. Si escribo la reseña, lo cuento por escrito. Y si no es ninguna de las dos cosas, se lo cuento a mi pareja, que aguanta con paciencia resúmenes de libros que no piensa leer.

Al explicar un libro con tus palabras, pasan dos cosas. La primera es que descubres al instante qué partes no habías entendido, porque son justo aquellas en las que te atascas al contarlas. La segunda es que lo que cuentas se queda. No es lo mismo pensar “esto lo he entendido” que comprobarlo diciéndolo en voz alta.

No hace falta un club ni un blog. Vale con contárselo a quien tengas cerca. Y también aquí hay literatura detrás: recuperar de memoria lo que has leído fija el contenido mucho mejor que releerlo, lo que se conoce como efecto de recuperación.

Lo que no vas a encontrar aquí

Un método. No tengo un sistema de subrayado, ni fichas, ni resúmenes por capítulo. Hay gente a la que le funciona de maravilla y lo cuenta mucho mejor que yo, pero no sería honesto vendértelo como algo que practico. Y que mis tres costumbres tengan nombre técnico no significa que yo las aplicara a propósito: llegué a ellas por prueba y error, y me enteré después de que alguien las había estudiado.

Lo que sí creo, después de bastantes libros, es que la comprensión lectora de un adulto depende menos de las técnicas que del estado en el que llega a la página y de si hace algo con lo que lee. Y eso, al contrario que la puntuación de un examen, lo puedes cambiar hoy mismo.

Preguntas frecuentes

¿Qué dice el informe PISA sobre la comprensión lectora en España? En 2025, España obtuvo 451 puntos, 23 menos que en 2022 y 45 menos que en 2015. Es su peor resultado desde que empezaron las mediciones y queda por debajo de las medias de la OCDE y de la Unión Europea.

¿Qué es un “lector apresurado”? Es el perfil que describe la OCDE: quien recorre el texto a toda velocidad y responde rápido pero mal. Su proporción casi se ha duplicado entre 2018 y 2025.

¿Se puede mejorar la comprensión lectora de un adulto? Es lo que te cuento en este post desde mi experiencia, no desde la investigación educativa. A mí me ayudan tres cosas: parar cuando pierdo la atención, repartir en varios ratos los libros difíciles y contarle a alguien lo que he leído.

¿Leer más rápido es leer mejor? Los datos de PISA apuntan justo a lo contrario: el aumento de las respuestas rápidas y erróneas va de la mano de la caída de la comprensión.

¿A ti qué te funciona? Me interesa de verdad porque estoy convencida de que aquí cada lector tiene su truco. Te leo en comentarios.

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