¿Hijas de la niebla o hijas de la decepción? Así comenzaba el vídeo de la Reseña Hijas de la niebla en mis redes sociales (Tik tok e IG).
Es una novela de fantasía con una atmósfera única, secretos familiares y fantasía suave que ha dividido a mi club de lectura en octubre… Algunas lectoras lo amaron, otras lo dejaron a mitad, y otras seguimos pensando en él días después de terminarlo.
En esta reseña Hijas de la niebla te cuento por qué, a pesar de las opiniones divididas, a mí sí me ha gustado y sí lo considero un buen libro recomendado.
Sinopsis sin spoilers
En un reino donde la niebla no solo cubre la tierra, sino que también decide quién vive y quién muere, las antiguas casas nobles conviven con un miedo que se ha vuelto costumbre. Dicen que en la niebla se ocultan almas perdidas, deformadas por siglos de promesas rotas, y que salir de ella sin permiso es tentar a la muerte.
La protagonista, una joven que ha crecido entre los muros de una mansión aislada, ha aprendido a vivir con ese silencio. Todo cambia cuando una invitación inesperada la obliga a enfrentarse a los secretos que su familia ha guardado durante generaciones. Entre rumores de sacrificios, apariciones imposibles y un poder que exige lealtades inhumanas, su mundo comienza a resquebrajarse.
Hijas de la niebla combina el misterio de las novelas góticas con una reflexión sobre la obediencia, el poder y la memoria. Lydia Gregovic construye una historia envolvente en la que nada es lo que parece, y donde incluso la niebla tiene hambre.
Mi reseña Hijas de la niebla (sin destripes)

Lo que más me gustó —y que sé que a algunas lectoras no les convenció— es la atmósfera y su ritmo. Lydia Gregovic describe con una precisión visual casi cinematográfica: los pasillos de la mansión, el humo de las velas, el roce de los vestidos… Todo está descrito con un cuidado que te hace ver la escena. Es una novela muy descriptiva, sí, pero en el mejor sentido: ayuda a sumergirte en el escenario y a habitar su lógica interna.
Además, es una historia de época con ese aire elegante y un punto dramático que puede recordar a Los Bridgerton (sin copiarla, y con un tono más sombrío). Hay miradas contenidas, alianzas dudosas, promesas hechas a media voz. El romanticismo no ocupa el centro, pero aporta tensión emocional y subtexto social. Para mí, ese equilibrio suma: la parte sentimental existe, pero no anula la intriga ni el retrato de clase.
El elemento fantástico es suave. No hay derroche de magia ni criaturas en cada esquina: la niebla funciona como presencia y como símbolo. Representa lo que las familias esconden, lo que se transmite sin palabras, lo que el poder utiliza para sostenerse. Esa ambigüedad me encantó: te mantiene en una zona liminal entre lo real y lo legendario, sin perder el pie en lo humano.
Sobre el ritmo: es deliberadamente pausado en mitad de la historia. La novela te pide que la leas como una tarde de lluvia y té, disfrutando del detalle. Entiendo que eso la haga “lenta” para quien busque giros constantes; aquí la recompensa llega por atmósfera y personajes. Cuando el relato acelera (hacia el último tercio, casi al final), el contraste funciona y el desenlace se siente rápido y algo abrumador.
Y un apunte temático que a mí me ha tocado: la historia habla del peso de la memoria, de los secretos heredados y de cómo, demasiadas veces, son las mujeres quienes cargan con la factura. Sin entrar en destripes, el cierre es melancólico pero liberador: no complaciente, sí honesto. Te quedas con la sensación de que atravesar la niebla duele, pero también abre camino.
Cita destacada
💬 “Las hijas de la niebla no desaparecen: aprenden a respirar dentro de ella.”
— Lydia Gregovic, Hijas de la niebla
¿Para quién es este libro?
- Para lectoras de novela de época con ambientación potente y ritmo pausado.
- Para quienes disfrutan de la fantasía suave y el gótico atmosférico.
- Para clubes de lectura que quieran debatir temas de poder, memoria y linaje.
Conclusión
Para concluir esta reseña Hijas de la niebla no es una novela de fuegos artificiales, sino de bruma que cala. Si entras en su ritmo y dejas que la prosa te envuelva, encontrarás un relato elegante, con tensión emocional y un trasfondo que invita a conversar. En mi club de lectura ha generado opiniones divididas (y eso siempre es buena señal): a unas nos ha enamorado su atmósfera; a otras, el estilo descriptivo les ha pesado. Yo la recomiendo si buscas una lectura sensorial, de época, con misterio y un simbolismo que deja eco.
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